El Cardenal opina de Política
Jorge A. Isaías Silva
El tema central del presente son las declaraciones que realizó el pasado Domingo el cardenal Norberto Rivera Carrera con respecto del clima político que se esta viviendo en nuestro país, en dichas declaraciones sobresale la recogida por Cinthya Sánchez de El Universal, en la que de acuerdo al cardenal los diputados tienen razón, pero que no la utilizan. Esta declaración por sí misma y después de la injerencia en asuntos internos que Joseph Ratzinger, actual líder de la iglesia católica autonombrado Benedicto XVI, realizara al declarar que el gobierno debe trabajar en los temas que preocupan a la ciudadanía es suficiente ver la manera en que Rivera Carrera se muestra soberbio con los Diputados en general, calificándolos de personas con las que es imposible razonar.
Demos un salto al pasado y aprovechando que la celebración por el 12 de octubre esta reciente recordemos brevemente las dos vertientes que tomo la evangelización en nuestro país cuando nos conquistaron los españoles. Por allá del 1521 se perdió
El tiempo como siempre continuo su marcha y el país evoluciono poco a poco, lleno el siglo XX y con el la primera revolución socialista del mundo, la revolución de 1910 lucha armada que por desgracia quedo inconclusa pero que si dejo las bases jurídicas para el México socialistoide en el que transcurrió la mayor parte de ese siglo, mientras tanto el catolicismo se mantenía como uno de los cohesores del país y los sacerdotes realizaban su labor en completa calma hasta que el entonces Presidente Álvaro Obregón prohíbe la libertad de cultos generando con esto uno de los periodos más sangrientos de la revolución mexicana, la llamada guerra de los cristeros en la que la gente mataba por defender su religión católica.
Esta etapa termino por ahí de 1929 dejando alrededor de noventa mil muertos de ambos bandos, sin embargo con el término de esta guerra no se dio marcha atrás a las leyes que le dieron origen, solo se modificaron el lo correspondiente a el derecho a profesar alguna religión continuando prohibida la participación de los sacerdotes en la política y manteniendo al estado como administrador de los bienes eclesiásticos. Esto último es importante recalcarlo pues de acuerdo a nuestras leyes todavía vigentes la propiedad de los edificios históricos que albergan a los diferentes cultos religiosos es del estado y no de la Iglesia.
Sin embargo es durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari que se realizan una serie de modificaciones a la ley que dan certeza jurídica a los representantes de las diferentes religiones, tratando de garantizar con esto, además de los derechos de quienes profesan algún culto, la libertad de profesar el que mejor se adapte a nuestras necesidades espirituales. Pero es con este pretexto y gracias a las libertades que otorgaron estas modificaciones que los lideres religiosos comienzan a levantar la voz opinando de los acontecimientos que se suceden en nuestro país.
El hecho en si mismo no es grave pues existe la libertad de expresión y esta no puede ni debe negársele a nadie pero, lo que si es preocupante es la relevancia que los diversos medios dan a estas declaraciones cuando deberían de ser opiniones internas entre los feligreses y su guía espiritual por que, en caso contrario, tal como sucede hoy día, lo que estamos haciendo es convertir estas opiniones en verdades que deben apoyar quienes profesan la misma religión que la persona que las emite.
Además de ello no debemos olvidar que de acuerdo a lo dicho por el INEGI para el 2000 éramos más de cien millones de mexicanos y de todos nosotros el 92% se declararon católicos y bajo este precepto es determinante la opinión de su líder espiritual pues se supondría que una gran parte de esos más de noventa millones de católicos seguirá su consejo como si se tratará de un dogma religioso y no como una opinión expresada por un ciudadano.
Ahora bien la realidad es que una gran parte de la población es católica por tradición y no por convicción, de hecho se podría decir que en la práctica una buena parte de los mexicanos no son católicos pues no siguen los ritos que esta religión señala para ser parte de ella, si a eso sumamos la conversión de miles de personas, sobre todo indígenas, a otros cultos religiosos que se da diariamente. Según el Centro de Estudios de las Religiones de México un promedio de diez mil católicos abandonan su religión para tomar alguna otra, dándose este fenómeno sobre todo en las poblaciones serranas de los estados de Oaxaca y Chiapas.
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